Desde la inserción de la electrónica en la música, las cosas cambiaron y mucho. Probablemente, el rock nunca hubiera existido si a alguien no se le hubiera ocurrido crear la guitarra eléctrica, el amplificador valvular o la consola de mezclas. Ni hablar de la grabación, que les permitió a tantos músicos populares y académicos trascender más allá de la tradicional partitura, ya que por primera vez era posible escuchar una canción o una obra sin que los intérpretes estén frente al oyente.
Estos logros de la fusión entre música y electrónica son tan comunes y obvios hoy en día que hasta pasan desapercibidos. Igualmente, me gustaría abordar el tema del sonido electrónico en la música actual, y con sonido electrónico me refiero a la generación de sonidos de forma electrónica, tanto de forma analógica como digital. Los samplers, sintetizadores, secuenciadores y el MIDI son tan habituales actualmente en el ámbito profesional (y no tanto también…) como una guitarra en una sala de ensayo.
La generación de sonidos electrónicos y su correspondiente inclusión en el discurso musical no es sólo cosa de la música popular, sino que también es tema de profunda investigación, estudio y desarrollo en el ámbito académico. Esto es posible de apreciar claramente en el último estilo que ha presentado la música académica (mal llamada clásica por muchos): la música electroacústica. En ella, se utiliza la electrónica analógica y/o digital para la generación de sonidos con timbres innovadores.
Y mientras tanto, ¿qué ocurre en el campo de la música popular? Bien, ya desde los inicios del rock y el pop en los ‘60s con los Beatles, Bee Gees, etc. los sintetizadores analógicos estuvieron presentes en su repertorio a través de los sintetizadores con controladores de tipo teclado como el Moog, Farfisa, Mellotron, etc. Posteriormente, en los ‘70s, los pianos eléctricos como el Fender Rhodes tomaron importancia a la par de los dispositivos antes nombrados, principalmente en la escena del pop, el disco y el funk. Hasta este punto, la búsqueda de nuevos timbres que ampliaran el sonido de la clásica formación de la banda de rock o pop con batería, guitarra eléctrica, bajo eléctrico, piano y percusión, encontró muy buenos aliados en los sintetizadores.
En los ‘80s, las cosas cambiaron. A principios de esta década aparecieron los sintetizadores digitales y se hizo famoso el Yamaha DX7, se normalizó el MIDI y se veía en estos artefactos la posibilidad de igualar en todos sus parámetros al sonido proveniente de instrumentos acústicos. Fue así que surgieron las baterías electrónicas, los secuenciadotes, guitarras MIDI y vientos electrónicos, mientras los comúnmente llamados teclados seguían en evolución.
A finales de los ‘80s y principios de los ‘90s, esta moda comenzó a extinguirse y el sonido acústico, o sea, proveniente de instrumentos acústicos, volvió a la carga. Actualmente, el sonido electrónico sigue vigente pero en algunos géneros únicamente, como podrían ser el pop, el rap, hip-hop, R&B y sus variantes, ritmos latinos bailables como la cumbia, el reggaeton, etc. sin mencionar los géneros correspondientes a la escena electrónica puramente (dance, house, trance, etc.).
Hoy en día, el sonido electrónico expresado en secuencias de ritmos de batería y percusión, líneas melódicas de bajo o armonías en teclados, son, o motivo de gran presupuesto o de grandes ahorros. Artistas de peso pesado a nivel internacional pagan jugosos sueldos a diseñadores de sonido que se encargan de crear e innovar el repertorio tímbrico de sonidos electrónicos que utilizarán en sus próximas grabaciones y presentaciones en vivo. Madonna y Michael Jackson son algunos casos emblemáticos.
Mientras tanto, la utilización de la tecnología a nivel casero o en estudios de grabación semiprofesionales, es cada vez mayor. Probablemente, la posibilidad que nos ofrece la electrónica (especialmente la digital) de poder igualar el sonido acústico, siempre que esté en manos de un buen programador y productor, fue lo que sedujo a millones de músicos alrededor de todo el mundo. Y lo más interesante de todo, es que los costos se reducen increíblemente: no se necesitan infinidad de micrófonos caros para grabar baterías, percusión y bajos, y los canales necesarios en consola son muchos menos. Pero lo esperable es que estos usos ocurran a nivel semiprofesional o a nivel “demo” profesional, a lo sumo, ya que profesionalmente se intenta lograr siempre la mejor calidad sin observar los costos, aunque esto cada vez suceda menos en el mercado actual de la música, en el que cuanto menos se invierta y más se gane, mejor. Pero bueno, esto es discutible y da para largo...
De esta forma, llegamos a la conclusión de que la electrónica aplicada a la música popular tiene dos fines claramente diferentes: por un lado, innovar tímbricamente en busca de nuevos sonidos que hagan evolucionar el estilo (opción ligada a importantes sueldos invertidos en diseñadores de sonido), y por otro lado, abaratar costos reemplazando tecnología de grabación (micrófonos, consolas y demás dispositivos) por tecnología de programación (generadores y controladores MIDI, samplers, computadoras, etc.) para producciones semiprofesionales, demos o grabaciones caseras, aunque a nivel profesional esta tendencia va en aumento también...
Estos logros de la fusión entre música y electrónica son tan comunes y obvios hoy en día que hasta pasan desapercibidos. Igualmente, me gustaría abordar el tema del sonido electrónico en la música actual, y con sonido electrónico me refiero a la generación de sonidos de forma electrónica, tanto de forma analógica como digital. Los samplers, sintetizadores, secuenciadores y el MIDI son tan habituales actualmente en el ámbito profesional (y no tanto también…) como una guitarra en una sala de ensayo.
La generación de sonidos electrónicos y su correspondiente inclusión en el discurso musical no es sólo cosa de la música popular, sino que también es tema de profunda investigación, estudio y desarrollo en el ámbito académico. Esto es posible de apreciar claramente en el último estilo que ha presentado la música académica (mal llamada clásica por muchos): la música electroacústica. En ella, se utiliza la electrónica analógica y/o digital para la generación de sonidos con timbres innovadores.
Y mientras tanto, ¿qué ocurre en el campo de la música popular? Bien, ya desde los inicios del rock y el pop en los ‘60s con los Beatles, Bee Gees, etc. los sintetizadores analógicos estuvieron presentes en su repertorio a través de los sintetizadores con controladores de tipo teclado como el Moog, Farfisa, Mellotron, etc. Posteriormente, en los ‘70s, los pianos eléctricos como el Fender Rhodes tomaron importancia a la par de los dispositivos antes nombrados, principalmente en la escena del pop, el disco y el funk. Hasta este punto, la búsqueda de nuevos timbres que ampliaran el sonido de la clásica formación de la banda de rock o pop con batería, guitarra eléctrica, bajo eléctrico, piano y percusión, encontró muy buenos aliados en los sintetizadores.
En los ‘80s, las cosas cambiaron. A principios de esta década aparecieron los sintetizadores digitales y se hizo famoso el Yamaha DX7, se normalizó el MIDI y se veía en estos artefactos la posibilidad de igualar en todos sus parámetros al sonido proveniente de instrumentos acústicos. Fue así que surgieron las baterías electrónicas, los secuenciadotes, guitarras MIDI y vientos electrónicos, mientras los comúnmente llamados teclados seguían en evolución.
A finales de los ‘80s y principios de los ‘90s, esta moda comenzó a extinguirse y el sonido acústico, o sea, proveniente de instrumentos acústicos, volvió a la carga. Actualmente, el sonido electrónico sigue vigente pero en algunos géneros únicamente, como podrían ser el pop, el rap, hip-hop, R&B y sus variantes, ritmos latinos bailables como la cumbia, el reggaeton, etc. sin mencionar los géneros correspondientes a la escena electrónica puramente (dance, house, trance, etc.).
Hoy en día, el sonido electrónico expresado en secuencias de ritmos de batería y percusión, líneas melódicas de bajo o armonías en teclados, son, o motivo de gran presupuesto o de grandes ahorros. Artistas de peso pesado a nivel internacional pagan jugosos sueldos a diseñadores de sonido que se encargan de crear e innovar el repertorio tímbrico de sonidos electrónicos que utilizarán en sus próximas grabaciones y presentaciones en vivo. Madonna y Michael Jackson son algunos casos emblemáticos.
Mientras tanto, la utilización de la tecnología a nivel casero o en estudios de grabación semiprofesionales, es cada vez mayor. Probablemente, la posibilidad que nos ofrece la electrónica (especialmente la digital) de poder igualar el sonido acústico, siempre que esté en manos de un buen programador y productor, fue lo que sedujo a millones de músicos alrededor de todo el mundo. Y lo más interesante de todo, es que los costos se reducen increíblemente: no se necesitan infinidad de micrófonos caros para grabar baterías, percusión y bajos, y los canales necesarios en consola son muchos menos. Pero lo esperable es que estos usos ocurran a nivel semiprofesional o a nivel “demo” profesional, a lo sumo, ya que profesionalmente se intenta lograr siempre la mejor calidad sin observar los costos, aunque esto cada vez suceda menos en el mercado actual de la música, en el que cuanto menos se invierta y más se gane, mejor. Pero bueno, esto es discutible y da para largo...
De esta forma, llegamos a la conclusión de que la electrónica aplicada a la música popular tiene dos fines claramente diferentes: por un lado, innovar tímbricamente en busca de nuevos sonidos que hagan evolucionar el estilo (opción ligada a importantes sueldos invertidos en diseñadores de sonido), y por otro lado, abaratar costos reemplazando tecnología de grabación (micrófonos, consolas y demás dispositivos) por tecnología de programación (generadores y controladores MIDI, samplers, computadoras, etc.) para producciones semiprofesionales, demos o grabaciones caseras, aunque a nivel profesional esta tendencia va en aumento también...

2 comentarios:
me gusto lo que escribiste laucha.. esta bueno es interesante.. raramente leo alguna cosa.. pero esta vez lo leí todo :P jajjaa
CATU
Felicitaciones Leandro! Bienvenido al mundo blogueril. Un abrazo y mucha suerte!!
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